Cómo medir · actualizada el 5 de octubre · 3 min de lectura

El interés compuesto no es magia: es paciencia con una fórmula

Por qué los últimos años valen más que los primeros, la regla del 72 para calcular de cabeza, y por qué empezar diez años antes gana a aportar el doble.

I Iván Burgio Desarrollador · Hivault
El interés compuesto no es magia: es paciencia con una fórmula

Es la idea más repetida de las finanzas personales y la peor explicada. Se suele presentar como un truco. No lo es: es una multiplicación aplicada muchas veces, y lo interesante está en dónde se concentra el resultado.

Lo que el gráfico no te muestra

Pongamos 1.000 dólares al 8% anual, sin tocarlos.

Año Valor Ganó ese año
1 1.080 80
10 2.159 160
20 4.661 345
30 10.063 746
40 21.725 1.609

El año 40 ganó 1.609 dólares: más que todo el capital inicial. Y la tasa no cambió nunca.

Eso es lo único que hace el interés compuesto: cada año rinde sobre lo del año anterior, incluido lo que ya ganaste. El efecto es chico al principio y después no para de agrandarse.

De esos 21.725 dólares finales, más de la mitad se generó en los últimos diez años. Por eso el tiempo no es un factor más: es el factor.

La regla del 72

Para calcular de cabeza cuánto tarda en duplicarse algo:

72 ÷ tasa = años para duplicar

Al 8%, nueve años. Al 6%, doce. Al 3%, veinticuatro. Al 1% —un plazo fijo malo en dólares— setenta y dos años.

Sirve también al revés, y así es más útil: con una inflación del 6%, tu plata quieta pierde la mitad de su poder de compra en doce años. No es una posibilidad, es la cuenta.

Empezar antes gana a poner más

Dos personas, las dos al 8%:

  • Ana pone 200 por mes de los 25 a los 35 años. Después no pone nada más y lo deja quieto hasta los 65. Puso 24.000 en total.
  • Bruno no pone nada hasta los 35, y de ahí en adelante pone 200 por mes hasta los 65. Puso 72.000 — tres veces más que Ana.

A los 65: Ana tiene unos 340.000. Bruno, unos 300.000.

Ana puso un tercio y terminó con más. La diferencia son los diez años de ventaja, que después trabajaron durante treinta.

Esto no es un argumento para no empezar si ya pasaste los 35 —el segundo mejor momento es hoy— pero sí explica por qué la prioridad es arrancar, aunque sea con poco.

Donde la fórmula miente

Tres cosas que los ejemplos limpios esconden:

El rendimiento no es constante. Un 8% promedio no significa 8% todos los años: significa +22%, −14%, +31%, −3%. El resultado final se parece al promedio, pero el camino es otro, y el camino es lo que hace que la gente venda.

La inflación se come parte. Un 8% con 3% de inflación es 5% real. Las cuentas de arriba, en poder de compra, son bastante menos impresionantes.

Las pérdidas no se compensan con las ganancias. Caer 50% y subir 50% deja 75, no 100. Para recuperar una caída del 50% hace falta subir 100%. Por eso no perder mucho pesa más que ganar mucho, y por eso el riesgo se mide en lugar de ignorarse.

Preguntas frecuentes

¿Sirve igual con montos chicos?

Sí, porque el efecto es porcentual. 50 dólares por mes durante 30 años al 8% son unos 68.000, de los cuales 18.000 los pusiste vos. La proporción es exactamente la misma que con montos grandes.

¿Conviene reinvertir los dividendos?

Para el largo plazo, sí: es justamente lo que hace que el interés sea compuesto y no simple. Si tus ETF son de acumulación, eso ya pasa solo adentro del fondo.

¿Cada cuánto conviene que capitalice?

Más seguido es mejor, pero la diferencia es menor de lo que parece. Al 8%, capitalizar mensual en vez de anual sube el resultado efectivo a 8,3%. Importa mucho menos que la tasa y que el tiempo.

Esto es información general, no asesoramiento financiero ni impositivo. Tu situación puede ser distinta y conviene confirmarla con un profesional.

I

Sobre el autor

Iván Burgio

Desarrollador · Hivault

Hago Hivault desde Montevideo. Escribo acá sobre lo que voy aprendiendo construyéndolo y midiendo mi propia cartera: nada de lo que leas es consejo de inversión, y todo lo que afirmo está con la cuenta a la vista.

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